La teoría feminista tiene como fin la comprensión de la
naturaleza de la desigualdad y se centra en la política de género, las
relaciones de poder y la sexualidad. Mientras que generalmente la teoría
feminista presenta una crítica de las relaciones sociales, una parte importante
de la teoría feminista también analiza la desigualdad de género y la promoción
de los derechos, intereses y asuntos de las mujeres. El feminismo explora temas
como la historia del arte, y el arte contemporáneo, la estética, la
discriminación, los estereotipos, la cosificación (especialmente la
cosificación sexual), la opresión, y el patriarcado.
Simone de Beauvoir: filósofa existencialista.
En 1949 era una voz solitaria en una sociedad occidental que
había vuelto a recluir las mujeres en el hogar, una vez extinguido el
movimiento sufragista. Sin embargo, las teóricas de las distintas y
contrapuestas corrientes del feminismo (liberal, radical y socialista) que
resurgiría en los sesenta, después de un largo paréntesis de silencio, reconocieron
ser "hijas de Beauvoir" . Habían leído su obra y, a partir de ella,
elaboraron una praxis específica orientada hacia la inclusión del colectivo
femenino en el mundo de la Cultura, es decir, en el ámbito donde se decide el
destino de la humanidad: política, economía, derecho, ciencia, arte... La
famosa frase de Beauvoir "No se nace mujer, se llega a serlo"
constituyó un punto de referencia esencial para pensar el Eterno Femenino con
criterios constructivistas. Afirma Amelia Valcárcel que Simone de Beauvoir hizo
filosofía “tomando así entre las manos un logos que siempre mantuvo a la conciencia
mujer en la heteronomía" .La condición de heteronomía de las mujeres
consiste en ser nombradas por el discurso dominante como Otra que se resuelve
en una serie de características descriptivas. Heteronomía es despojo de la
autonomía. Las figuras de la heteronomía son las "designaciones
ilegítimas" (mujer decente, prostituta...) a las que cada individuo de
sexo femenino debía plegarse para encontrar su sitio en la sociedad patriarcal.
En el feminismo existencialista de Simone de Beauvoir, el ser
humano no es una esencia fija, sino "existencia", es decir
"proyecto", "trascendencia", "autonomía",
"libertad". Por lo tanto, escamotear a un individuo las posibilidades
de proyectar su vida según lo entienda por el hecho de pertenecer al
"segundo sexo", al sexo femenino, es dominación, es injusticia.
Observemos que esta idea fundamental de El Segundo Sexo es hoy asumida por
millones de personas que no han leído esta obra ni han oído hablar de ella. Sus
principios han sido incorporados a las políticas de igualdad europeas y han
dado lugar a los estudios feministas y de género de centros universitarios de
vanguardia.
En “Beauvoir, la filosofía
existencialismo y el feminismo” de Teresa López Pardina, filósofa del siglo XX,
habla de como El
segundo sexo representa,
en el ámbito de la emancipación
de las mujeres, lo que El contrato social en el ámbito político.
En su artículo en la
revista Investigaciones Feministas 2009,
vol 0 99-106 López expone lo siguiente:
“Si Rousseau sentaba las bases de la democracia moderna,
Beauvoir sienta las bases de la democracia total y efectiva. “El hombre nace
libre y por todas partes se encuentra encadenado”,
decía Rousseau al comienzo de El contrato social. Obsérvese que escribe
“hombre” y que, como ha demostrado la crítica feminista, no lo
usa en el sentido
colectivo de ser humano, sino que piensa sólo en los varones. Y
Beauvoir dice:
“No se nace mujer ...”, es decir, no se nace sensible, callada,
sumisa, impresionable,
dócil, indecisa, en definitiva, oprimida. Con lo cual completa
la emancipación
para esa mitad de la humanidad a la que Rousseau se la había
negado, poniendo de
manifiesto, de paso, que todavía no hemos llegado a la plena
democracia.
Con El
segundo sexo pone
Beauvoir en pie una teoría crítica que se inserta en
una tradición iniciada en el siglo de las Luces y continuada por
las sufragistas; que
incluso tuvo breves destellos anticipadores en la sofística
tardía y en la filosofía
helenística. Pero su configuración como construcción teórica
estructurada está en
el ensayo de 1949.
La afirmación con que se inicia el segundo volumen de la obra:
“No se nace
mujer; la mujer se construye”, encierra el núcleo teórico: lo
femenino no es una
esencia, “el eterno femenino” es un mito masculino. La feminidad
es un constructo
socio-cultural: las sociedades se estructuran según sistemas de
sexo/género, se
dirá en los 70. Beauvoir viene a homologar la diferencia
biológica a aquellas atribuciones
que en el Antiguo régimen, antes de la Revolución y las Luces,
se consideraban
como privilegios de cuna, y que los revolucionarios de 1789
irracionalizaron,
como tan felizmente ha señalado Celia Amorós. Denuncia lo mismo
que
Rousseau, pero refiriéndose a las mujeres, de quienes Rousseau
se había olvidado
por completo.
Beauvoir viene a decirnos: la feminidad es algo artificial, no
natural; los factores
biológicos no determinan la forma de ser que se denomina
“femenina” o “masculina”;
es irracional entenderlo así. Lo mismo que hicieron los
revolucionarios de
1789, inspirándose en Rousseau, al denunciar que por nacer
aristócrata nadie podía
exigir
privilegios sobre los demás ciudadanos.
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